REQUIEM POR FEDERICO – Poema de Rafael de León – Poeta

REQUIEM POR FEDERICO – Poema de Rafael de León – Poeta

Lo mataron en Granada, una tarde de verano
y todo el cielo gitano recibió la puñalada.

Sangre en verso derramada, poesía dulce y roja
que toda la vega moja en amargo desconsuelo
sin paño de terciopelo ni cáliz que la recoja.

Por cielos de ceniza se va el poeta, la frente se le riza
como veleta. Toda Granada es una plazoleta deshabitada.
Por el olivar venían, bronce y sueño, los gitanos,
en la palma de sus manos como un niño lo traían.

Las mujeres se rompían los volantes de la enagua,
y el Darro bailaba el agua en un triste soniquete
que sonaba a martinete y a cante grande de fragua.

¡Encended los faroles, romped el velo,
cantad por “caracoles, que viene el duelo!
¡Como una espada, llevadlo, así, entre “oles”
por su Granada.

No te vayas buen amigo quédate aquí con nosotros,
están soltando los potros junto a lo verde del trigo.
Están soñando contigo temblando de calentura,
gitanas de piel oscura y brillante cabellera
y hay una boca que espera morderte labio y cintura.

Desnúdate deprisa, que vengo herido,
quédate con la risa como vestido.
Quiero beberte y que luego dormido venga la muerte.

Rosa de los Camborios gime sentada a la puerta,
medio viva y medio muerta entre paños mortuorios.
A la luz de los velorios, con pena de jazmín chico,
cual dos palomas sin pico muestra sus pechos helados,
heridos y acuchillados lo mismo que Federico.

¡Que doble, bronce y plata, la Vela, Vela,
que se ha muerto la nata de la canela!
Mi bien amado de limón y ciruela va amortajado.

Ignacio Sánchez Mejías con toda su muerte al hombro
sale pálido de asombro a las barandas sombrías.
Todas las ganaderías mugen a la misma hora
y en el filo de la aurora, junto a los bravos erales,
sobre el mar de los trigales, la brisa también lo llora.

¡Ignacio, dame el vaso con el ungüento,
no puedo dar un paso, ya no me siento!
Quiero abrazarte, pero me ciega un viento
de parte a parte.

Dentro de su traje oscuro te nombra Bernarda Alba,
la tarde pinta de malva la rosa blanca del muro.
En la calle pisa duro un caballo sin jinete,
dan en la torre las siete y Angustias, con voz sombría,
solloza un Ave María derrumbada el el poyete.

Por la tapia del huerto te llamé en vano.
¡Dime que no está muerto Pepe, el Romano!
Ciego de zambra, con un Ángel gitano
va por la Alhambra.

¿De quién es ese lamento que sobre la noche rueda?
De Marianita Pineda, que está bordando en el viento.
Con hilos de sentimiento, a la vez que borda y canta
y con mano fina planta entre sangrientos jardines
una rosa de carmines que enjoyará su garganta.

¿Qué bordas, Marianita,sobre esa tela?
La flor para una cita que me desvela.
¡En seda cuaja lo que Granada grita que es su mortaja.

¡Hijo con un cuchillito que apenas cabe en la mano,
de tu romance gitano cortaron la flor del grito!
¡Ay, qué dolor infinito de pedernal y de rosa,
voy y vengo como loca sin que consolarme pueda
porque ni un hijo me queda para llevarme a la boca!

Aquel traje de pana que se ponía, Aquella faja grana
que se ceñía. ¡Tanto cuidarlo, y una flor de canana
para matarlo!.

Desde su balcón volado, pálida, triste y mocita,
te llama Doña Rosita, con el aliento apagado.
Un heliotropo morado le acuchilla las ojeras
y corta con sus tijeras adormecidas de herrumbre
su corazón hecho lumbre por cincuenta primaveras.

¿Quién cambió los papeles en el piano?
¿Quién secó los claveles de mi verano…?
¡Ay, qué tormento! ¿Dónde estás, primo hermano,
que no te siento?

Sobre el hoyo de la cama donde su flor se le mustia
igual que un río de angustia una mujer se derrama.
Llama en vano, llama y llama al hijo que se le esconde.
¿En qué jardines, en dónde, hallar mi nardo de esperma?

Grito preñado de Yerma al que el hijo no responde.
¡A la nana, mi niño, que es madrugada!
¡A la nana, cariño, flor de Granada!
¡Si yo pudiera quedarme embarazada yo te pariera!)

Antonio Torres Heredia Camborio de dura crin,
llora al filo de la media noche por el Albaicín.
Suena la voz de un muecín como una fuente delgada,
y desde Sierra Nevada,una paloma doliente,
baja a besarle la frente al poeta de Granada.

(¿A dónde vas, amigo,con tu secreto?
Te llevarás conmigo voz y soneto.
¡Cómo gemía dentro de tu esqueleto la poesía!

autor: Rafael de León
recita: Lola Flores